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EL CONEJO QUE VOLVIÓ: REAPARECE ESPECIE EXTINTA EN GUERRERO

Una expedición científica en la Sierra Madre del Sur confirma la reaparición de una especie endémica no vista en más de un siglo, despertando esperanzas para la conservación de la biodiversidad mexicana.

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Un hallazgo extraordinario en la Sierra Madre del Sur, en Guerrero, ha sacudido a la comunidad científica nacional e internacional: tras más de 120 años sin rastro alguno, biólogos mexicanos lograron documentar nuevamente la existencia del Romerolagus nelsoni surensis, una subespecie de conejo endémico que se creía extinta. El descubrimiento, confirmado en marzo de 2025 por investigadores del Instituto Nacional de Ecología y Biología Evolutiva (INEBE), marca un hito para la conservación de fauna silvestre y reabre el debate sobre las especies “fantasma” que podrían aún sobrevivir en rincones remotos del país.


1. UNA ESPECIE “FANTASMA”: LA HISTORIA PERDIDA DEL CONEJO DE LA SIERRA

En los registros biológicos de México, pocas especies han estado rodeadas de tanto misterio como el Romerolagus nelsoni surensis, una variante del teporingo o zacatuche, reconocida por última vez a finales del siglo XIX en un rincón remoto del sur guerrerense.

Su hábitat, situado entre los 2,800 y 3,400 metros de altitud, fue progresivamente devastado por la expansión agrícola, incendios forestales y tala clandestina. Para los años 1920, ya no quedaban reportes creíbles de su existencia.

Desde entonces, su historia se fue diluyendo en los archivos científicos, con menciones esporádicas en literatura académica como ejemplo de extinción silenciosa en ecosistemas montañosos. Las comunidades locales, por su parte, mantenían relatos sobre un “conejo pequeño que silbaba como pájaro”, pero sus testimonios eran considerados mitos o confusiones con otras especies.

Durante más de un siglo, el conejo fue considerado extinto.


2. LA EXPEDICIÓN QUE CAMBIÓ TODO: CIENTÍFICOS Y COMUNIDADES UNIDAS

La recuperación de esta especie no fue producto del azar. Fue el resultado de más de seis años de trabajo de campo, en el que se combinó el conocimiento ancestral de comunidades indígenas me’phaa con la tecnología científica más avanzada.

El proyecto, encabezado por la Dra. Iliana Gómez Téllez, herpetóloga y conservacionista, se propuso inicialmente estudiar los impactos del cambio climático sobre especies de alta montaña en Guerrero. Sin embargo, una serie de testimonios orales llevó al equipo hacia las laderas orientales del Cerro Tlacotepec, una zona casi inaccesible.

Con drones, cámaras trampa y sensores térmicos, el equipo logró en diciembre de 2024 una primera imagen borrosa de lo que parecía ser un pequeño leporidae no catalogado. En marzo de 2025, finalmente capturaron imágenes claras, muestras genéticas y señales acústicas del R. n. surensis.

“El momento fue indescriptible”, recuerda la Dra. Gómez. “Sabíamos que estábamos frente a una especie que la ciencia había dado por perdida desde hace generaciones”.


3. EL CONEJO SILENCIOSO: BIOLOGÍA Y COMPORTAMIENTO DE UNA RAREZA EVOLUTIVA

El Romerolagus nelsoni surensis presenta características morfológicas únicas. A diferencia del zacatuche del Valle de México, esta subespecie tiene una coloración más oscura, orejas más cortas y un pelaje más grueso, adaptado a climas húmedos y bosques nubosos.

Según los estudios preliminares, su dieta se compone principalmente de pastos silvestres, hongos y pequeños brotes de encino. Su comportamiento es notoriamente evasivo: se mueve principalmente durante el crepúsculo y emite un silbido agudo cuando se siente amenazado, una característica que podría haber alimentado su leyenda.

La comunidad científica ha señalado que este conejo es un fósil viviente, un vestigio de una biodiversidad que ha sido empujada al borde por la intervención humana. Su redescubrimiento no solo representa una victoria para la ciencia, sino también una llamada de atención sobre la fragilidad de los ecosistemas de montaña.


4. IMPLICACIONES NACIONALES: ¿UN NUEVO MODELO DE CONSERVACIÓN EN MÉXICO?

El hallazgo ha generado un efecto dominó en diversas instituciones gubernamentales y organizaciones civiles. La Secretaría de Medio Ambiente anunció la creación de una nueva Zona de Protección Biológica Prioritaria de 42 mil hectáreas alrededor del área del descubrimiento. A su vez, el Senado está analizando una propuesta para incluir al R. n. surensis en la categoría de protección especial dentro de la NOM-059-SEMARNAT.

Por su parte, líderes comunitarios de San Juan Atzingo, donde se localiza parte del hábitat del conejo, han firmado un acuerdo de colaboración para la vigilancia ambiental y el ecoturismo científico, con apoyo de universidades mexicanas y fondos internacionales.

“Es nuestra obligación proteger lo que durante tanto tiempo ignoramos”, afirma Ana Paulina Rojas, bióloga indígena y portavoz de la comunidad. “Esta especie representa nuestra relación ancestral con la tierra”.


5. UNA ESPERANZA PARA LA CIENCIA Y LA CULTURA: LO QUE ESTE REDESCUBRIMIENTO SIGNIFICA

Más allá de la biología, el redescubrimiento del Romerolagus nelsoni surensis plantea una reflexión profunda sobre los límites de la ciencia, el valor del conocimiento indígena y las posibilidades de recuperación ecológica.

En un país donde la pérdida de biodiversidad avanza a un ritmo alarmante —con más de 500 especies en peligro— este caso ofrece una rara muestra de reversibilidad. También representa un recordatorio sobre lo mucho que aún no sabemos: en las zonas más aisladas, la vida sigue adaptándose, resistiendo, esperando ser reconocida.

Expertos internacionales como el zoólogo francés Étienne Dupuis y la ecóloga peruana Ximena Cáceres han calificado el hallazgo como “el equivalente mexicano del okapi africano” y han sugerido incluir la Sierra Madre del Sur en la lista de Hotspots de Diversidad Global, por su potencial aún inexplorado.


CIERRE: ¿CUÁNTAS ESPECIES MÁS NOS FALTAN POR REENCONTRAR?

El redescubrimiento del conejo perdido de Guerrero no solo cambia lo que sabemos de la zoología mexicana: también reconfigura nuestras prioridades como sociedad. En tiempos donde las noticias sobre extinción, deforestación y colapso ecológico dominan las portadas, historias como esta nos obligan a pensar diferente.

¿Cuántas especies más podrían estar esperando en silencio? ¿Cuántas historias naturales no contadas habitan los rincones ocultos de México?

Mientras tanto, el Romerolagus nelsoni surensis vuelve a habitar su montaña. No como un espectro del pasado, sino como símbolo viviente del futuro que aún podemos construir.

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