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FUEGO CRUZADO EN LA CUAUHTÉMOC: ALCALDESA Y SECRETARIA DE LAS MUJERES CHOCAN POR ESTATUAS DE “CHE” Y FIDEL CASTRO

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Sitio Web 23

Ciudad de México, México. Jueves, 17 de julio de 2025.

Una intensa disputa política ha estallado en la alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, tras el retiro de las estatuas de Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro del Jardín Tabacalera.

El enfrentamiento se ha dado en redes sociales entre la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega y la secretaria de las Mujeres del Gobierno de la Ciudad de México, Citlalli Hernández Mora, evidenciando profundas diferencias ideológicas. La discusión ha escalado desde acusaciones de tener una “agenda trastornada de derecha” hasta la contundente afirmación de que “un asesino es un asesino”.

La controversia se encendió cuando la secretaria Citlalli Hernández criticó en redes a la alcaldesa Rojo de la Vega por lo que consideró una “agenda trastornada de derecha” como la única razón detrás del retiro de las efigies. Hernández Mora exigió claridad a la alcaldesa, afirmando que “se dice y no pasa nada, pero sé claro con ello”. Esto en respuesta a un video de Rojo de la Vega donde explicaba que “ni el ‘Che’ ni Fidel pidieron autorización para instalarse en la Tabacalera”.

La reacción de la alcaldesa de Cuauhtémoc no se hizo esperar. Alessandra Rojo de la Vega reviró con vehemencia, aseverando que las dictaduras y regímenes “son malos vengan donde vengan”. En un mensaje directo y sin rodeos, acusó que “un asesino es asesino, sea de derecha, centro o izquierda”. Además, lanzó una crítica sobre el paquete de reformas que, según ella, “secuestran la libertad de expresión y persiguen a quien piensa distinto”, calificándolas de totalitarias. “Si tiene usted una agenda totalitaria se dice y ya está”, arremetió la alcaldesa contra la secretaria.

Aunado a esto, Rojo de la Vega señaló que la no promoción de gobiernos de otros países en territorio nacional debería aplicar también para “estatuas de dictadores extranjeros”. Cerró su argumentación en la plataforma X con una dura crítica: “Condena usted los excesos y abusos de otros colores, pero perdona, protege y exculpa a los delincuentes cuando visten de guinda. ¡Qué barbaridad!”. El intercambio ha generado un amplio debate sobre el revisionismo histórico, la libertad de expresión y las posturas políticas en el espacio público.


EL VALOR SIMBÓLICO EN EL ESPACIO PÚBLICO: UN CAMPO DE BATALLA POLÍTICO

El retiro de las estatuas de Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro en el Jardín Tabacalera de la alcaldía Cuauhtémoc no es un acto aislado, sino que se inscribe en una tendencia global donde el espacio público se ha convertido en un campo de batalla para la disputa de narrativas históricas y políticas. Los monumentos, estatuas y nombres de calles no son meros adornos urbanos; son poderosos símbolos que reflejan y perpetúan ciertos valores, héroes y episodios de la historia. Removerlos o erigirlos es, por tanto, un acto político cargado de significado.

En los últimos años, hemos sido testigos de movimientos en diversas partes del mundo para retirar estatuas de figuras históricas asociadas con el colonialismo, la esclavitud o regímenes opresivos. Este “revisionismo” del espacio público busca visibilizar voces históricamente marginadas y desafiar narrativas oficiales que han ignorado o justificado la violencia y la injusticia. En este contexto, el “Che” Guevara y Fidel Castro son figuras altamente polarizantes. Mientras para algunos representan la lucha antiimperialista, la justicia social y la soberanía de los pueblos, para otros encarnan la dictadura, la represión política, la falta de libertades y la violación de derechos humanos.

La alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega, al ordenar el retiro de estas estatuas, claramente se alinea con la segunda perspectiva. Su argumento de que “un asesino es asesino, sea de derecha, centro o izquierda” y la condena a las “dictaduras y regímenes” que “son malos vengan donde vengan”, apuntan a una desvinculación explícita de cualquier figura que represente la opresión, independientemente de su adscripción ideológica. Para la alcaldesa, la presencia de estas efigies en un espacio público de la Ciudad de México implica una validación de regímenes autoritarios que contravienen los principios democráticos y de respeto a los derechos humanos. Además, su referencia a la falta de autorización para la instalación original de las estatuas podría ser un argumento legal o administrativo para justificar la remoción, aunque el trasfondo ideológico sea evidente.

Por otro lado, la crítica de la secretaria Citlalli Hernández Mora, quien acusa a la alcaldesa de tener una “agenda trastornada de derecha”, refleja una postura que ve en el “Che” y Fidel símbolos de resistencia o de una ideología con la que simpatiza. La etiqueta de “derecha” en este contexto busca descalificar la acción de la alcaldesa como parte de una campaña ideológica, en lugar de una decisión basada en principios universales de derechos humanos o democracia. Esta polarización es característica de los debates sobre el legado de figuras revolucionarias, donde la interpretación histórica se entrelaza con las posturas políticas contemporáneas.

El Jardín Tabacalera, al ser un espacio público, se convierte así en un reflejo de las tensiones políticas e ideológicas que atraviesan la sociedad mexicana. La batalla por quién ocupa un pedestal y qué se conmemora es una batalla por la narrativa dominante y por el alma de la ciudad, un recordatorio de que el pasado nunca es inerte y siempre puede ser objeto de relectura y disputa en el presente.


DICTADURAS, LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y COLORES POLÍTICOS: LOS ARGUMENTOS CRUZADOS

La riña entre la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega y la secretaria Citlalli Hernández Mora ha trascendido la mera discusión sobre estatuas para adentrarse en un debate más profundo sobre los principios democráticos, la libertad de expresión y la congruencia política, utilizando un lenguaje cargado de acusaciones directas.

La alcaldesa Rojo de la Vega ha sido particularmente incisiva en su respuesta, aludiendo a conceptos universales como la condena de las dictaduras y regímenes “vengan donde vengan”. Este argumento busca posicionar su acción no como una postura de “derecha”, sino como una defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Al afirmar que “un asesino es asesino, sea de derecha, centro o izquierda”, la alcaldesa intenta desideologizar la figura del “Che” Guevara y Fidel Castro, enfocándose en las consecuencias de sus acciones, particularmente en la represión y la eliminación de opositores, elementos documentados en el historial de regímenes como el cubano. Este enfoque busca apelar a un consenso más amplio sobre la condena de la violencia política y la tiranía, independientemente de la bandera que enarbolen.

La crítica de Rojo de la Vega se extiende a un “paquete de reformas que secuestran la libertad de expresión y persiguen a quien piensa distinto”, calificándolas de totalitarias. Aunque no se especifica a qué reformas se refiere directamente, esta acusación es un dardo político que vincula la postura de la secretaria Hernández Mora, y por extensión a su afiliación política (el partido de gobierno), con tendencias autoritarias que limitarían las libertades civiles. Esta es una crítica recurrente de la oposición en México hacia ciertas iniciativas legislativas que, según sus detractores, podrían restringir el disentimiento y la crítica. Al sugerir que la secretaria tiene una “agenda totalitaria”, la alcaldesa no solo defiende su propia acción, sino que ataca la coherencia democrática de su oponente.

Por su parte, Citlalli Hernández ha intentado enmarcar el retiro de las estatuas como parte de una “agenda trastornada de derecha”, una descalificación ideológica que busca asociar la acción de la alcaldesa con posturas conservadoras o ultraconservadoras. En el espectro político mexicano, la “derecha” es a menudo asociada con políticas económicas neoliberales y, en ocasiones, con actitudes menos progresistas en temas sociales. Al usar este término, Hernández busca polarizar el debate y movilizar a aquellos que simpatizan con las figuras revolucionarias o con ideologías de izquierda.

La frase final de Rojo de la Vega en X: “Condena usted los excesos y abusos de otros colores, pero perdona, protege y exculpa a los delincuentes cuando visten de guinda. ¡Qué barbaridad!”, es un golpe directo y altamente politizado. La referencia a “otros colores” alude implícitamente a figuras o partidos de la oposición que la secretaria o su partido político suelen criticar. La mención del color “guinda” es una clara referencia al partido en el poder en el que milita Citlalli Hernández Mora (Morena), acusándola de una doble moral: criticar las violaciones a los derechos humanos cuando provienen de un lado del espectro político, pero ser indulgente o defensora cuando los perpetradores son de su propia afiliación. Esta acusación es grave y busca minar la credibilidad de la secretaria al señalar una supuesta hipocresía.

Este intercambio de acusaciones refleja no solo la pugna por un espacio simbólico, sino también una batalla discursiva por la hegemonía moral y política en la Ciudad de México, y por extensión, en el panorama nacional. El lenguaje utilizado subraya la polarización y la intensidad del debate político actual en el país.


IMPLICACIONES POLÍTICAS Y EL FUTURO DEL DEBATE PÚBLICO

La controversia entre la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, y la secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández Mora, por el retiro de las estatuas de “Che” Guevara y Fidel Castro, trasciende el incidente específico para revelar profundas implicaciones políticas y señalar la dirección de futuros debates públicos en México.

En primer lugar, el incidente subraya la creciente polarización ideológica en el panorama político mexicano. La alcaldesa, representando a la oposición, utiliza el retiro de las estatuas como una bandera de su postura crítica hacia regímenes autoritarios y, por extensión, hacia cualquier simpatía con ellos por parte del gobierno actual. Por otro lado, la secretaria, figura prominente del partido en el poder, defiende la simbología de las estatuas y acusa de “agenda de derecha” a la acción de la alcaldesa, intentando deslegitimarla. Este tipo de confrontaciones directas y enérgicas en el espacio público y digital son cada vez más comunes y reflejan una dificultad creciente para encontrar puntos de consenso.

Para la alcaldesa Rojo de la Vega, esta acción puede ser vista como un movimiento estratégico para consolidar su base electoral y posicionarse como una figura fuerte y decidida dentro de la oposición. Al tomar una postura clara contra lo que denomina “dictadores” y al denunciar lo que considera “totalitarismo” y “doble moral” del partido en el poder, busca ganar visibilidad y simpatía entre segmentos de la sociedad que comparten sus críticas al gobierno central y a ciertos símbolos políticos. Es una forma de marcar territorio y diferenciarse claramente de sus oponentes.

Por su parte, la secretaria Citlalli Hernández Mora, al defender la presencia de estas estatuas y criticar la acción como una “agenda de derecha”, busca mantener la coherencia ideológica con una parte de la base de Morena y con simpatizantes de posturas más izquierdistas o progresistas. Su respuesta busca contrarrestar la narrativa de la alcaldesa y defender lo que percibe como un ataque a ciertos valores o figuras históricas que su corriente política ha reivindicado. La confrontación directa es también una forma de movilizar a sus propios simpatizantes y demostrar que no cede ante lo que considera provocaciones.

Este tipo de debates sobre el uso y significado del espacio público y los símbolos históricos probablemente se intensificará en el futuro. A medida que diversas fuerzas políticas compiten por la narrativa nacional, veremos más intentos de resignificar o eliminar monumentos, cambiar nombres de calles y enarbolar nuevas figuras. Este proceso, aunque a menudo contencioso, es parte de la dinámica de una sociedad que revisa su pasado y proyecta sus valores hacia el futuro.

Finalmente, el incidente pone de manifiesto el papel de las redes sociales como arena principal de confrontación política. La velocidad con la que se difunden las acusaciones y las respuestas, así como la capacidad de las plataformas para amplificar los mensajes, convierten a X (anteriormente Twitter) y otras redes en un campo de batalla instantáneo. Esto puede llevar a un debate más visceral y menos reflexivo, donde las frases contundentes y los ataques personales a menudo priman sobre el análisis profundo. El desafío para el futuro del debate público será cómo mantener la deliberación cívica en un entorno tan cargado de emociones y polarización.


CIERRE: LA BATALLA POR LA NARRATIVA EN EL CORAZÓN DE MÉXICO

El enconado cruce de acusaciones entre la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, y la secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández Mora, a raíz del retiro de las estatuas del “Che” Guevara y Fidel Castro, va más allá de un simple acto de remoción. Es una clara manifestación de la profunda polarización ideológica que permea el panorama político mexicano y una batalla por la narrativa histórica y el significado del espacio público en el corazón de la capital.

¿Hasta dónde escalará esta confrontación de símbolos y posturas ideológicas en la vida pública de México? La disputa por el legado de figuras controvertidas y la exigencia de congruencia política prometen mantener encendido el debate, redefiniendo el terreno de juego de la política y la cultura en la Ciudad de México.

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