El domingo, poco más de un año después de que las manifestaciones masivas barrieron la nación, los chilenos votaron para eliminar el documento de la era de la dictadura y escribir uno nuevo, un proceso que podría transformar la política de un país que durante mucho tiempo ha sido considerado como uno de los más importantes. Estable y próspero en América Latina.

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La votación del domingo pregunta a los votantes si quieren una nueva Constitución y quién debería redactarla: un cuerpo de representantes recién elegidos o una convención en la que la mitad de los delegados serían miembros del Congreso.

Los chilenos optaron abrumadoramente por una convención constitucional con un 97,11% de las mesas escrutadas, el “Apruebo” a una nueva carta magna obtuvo un 78,27% de los votos, sin la inclusión automática de miembros del Congreso, mientras que el “Rechazo” logró un 21,73%, según los datos del Servicio Electoral. En abril se realizarán elecciones para elegir a los delegados, entre los cuales debe haber paridad de género. Las facciones políticas aún están negociando si reservar asientos para los delegados indígenas.

Los chilenos vieron la votación de este domingo muy simbólico

“Significa poner fin al capítulo de la dictadura”, dijo Hernán Becker, de 58 años, un vendedor que participó en una manifestación el domingo pasado. “Su origen es totalmente ilegítimo: bajo un régimen militar, sin libertad de expresión, sin libertad de reunión”.

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Reescribir la Constitución permitirá una mayor flexibilidad para que Chile realice los cambios económicos y de política exigidos por los manifestantes.

“Hasta ahora, la Constitución nos ha dividido”, agregó. “A partir de hoy, todos deberíamos cooperar para que la nueva Constitución se convierta en un hogar para todos nosotros” dijo el presidente Sebastián Piñera en su mensaje a la nación. “Hoy hemos demostrado nuevamente la naturaleza democrática, participativa y pacífica del espíritu de los chilenos y del alma de las naciones honrando nuestra tradición de república”, agregó.

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La propuesta de redactar una nueva Constitución goza de un amplio apoyo, los opositores dicen que sería un error descartar una carta que ha sido fundamental para el éxito económico de Chile.

“Garantiza la libertad, protege a las personas de los excesos del Estado, asegura la protección de la propiedad y garantiza los derechos sociales”, dijo Gerardo Jofré, empresario y uno de los directores de la campaña Independientes por el Rechazo. “Los que se rebelan en Chile no quieren cambiar la Constitución, quieren cambiar el modelo, y eso es un error monumental”.

“Este plebiscito no es el final; es el comienzo de un camino que todos debemos emprender juntos”, dijo el presidente Sebastián Piñera en un discurso desde el palacio presidencial.

Miles de personas acudieron en masa a la Plaza Italia de Santiago para celebrar la noche del domingo, cantando, bailando, ondeando banderas y encendiendo fuegos artificiales. Los manifestantes desplegaron pancartas dirigidas a Pinochet, con mensajes como “Adiós, general” y “Borrar su legado será nuestro legado”.

Los chilenos ahora están programados para votar en 2022 para aprobar o rechazar la Constitución los borradores de la convención.

Según la carta vigente, las nuevas leyes pueden ser sometidas al escrutinio de un tribunal constitucional, que tiene la última palabra sobre si son aprobadas. Y las leyes que tocan la política educativa, los partidos políticos, el ejército, el sistema electoral, la minería y la reforma de la Constitución, entre otros temas, requieren una supermayoría para su aprobación.

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